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Manual contra el Despilfarro

Estamos en tiempos de crisis y constantemente oímos y leemos comentarios sobre el despilfarro que tanto la economía pública como privada han cometido en los tiempos de bonanza económica. En muchas ocasiones nos enzarzamos en discusiones sobre cómo solucionar los problemas y en la mayoría de los casos, lo único que hay que hacer es aplicar el sentido común

 

Vamos a hacer un poco de historia económica recordando el “Manual contra el Despilfarro” que Rafael del Pino, fundador de Ferrovial, publicó en julio de 1962. No es muy largo, sólo veintiocho páginas escritas por él mismo, con el objetivo de mostrar a sus empleados la manera de luchar contra “ese dragónpca-manual-contra-el-despilfarro-15-05-12 de siete cabezas que se infiltra por todas partes”.

 

En el año 1952, Rafael del Pino fundó la compañía Ferrovial, que comenzó como suministradora de material de Renfe. La subcontrata duraría 16 años y, a pesar de que apenas cubría los gastos de importación del material desde Alemania, pues se pagaban 3,98 pesetas por cada traviesa tratada con creosota, permitió asentar la empresa en un primer momento.

 

La ubicación de la primera oficina, en un desván junto a la iglesia de Los Jerónimos de Madrid, da idea de los relativamente pocos medios con que partió; los criterios empresariales de del Pino reflejaban la típica austeridad de la época y rechazaban la posibilidad de endeudamiento, así que la expansión de la empresa tuvo que producirse más tarde. Ferrovial se asentó primero como constructora, para desarrollar con el tiempo otras actividades como gestión de autopistas, aeropuertos, servicios urbanos etc. (Referencia: wikipedia)

 

Este manual es explicativo de una filosofía de entender la empresa o de las formas de despilfarrar (“almacén es vocablo árabe que significa tesoro” (página 7), pero también sirve para dar órdenes explicitas (”tengan la máquina a punto, vigilen su rendimiento, estudien cuidadosamente las instrucciones de empleo…” (página 14), y cuida hasta el más mínimo detalle (“pongan portaetiquetas en las estanterías de modo que permitan cambiar la cartulina siempre que haga falta”(página 8). Yo, en mi experiencia personal, podría hablaros de los perjuicios que, algo tan aparentemente poco importante como esto puede acarrear al cliente y a la empresa (en este caso, por cierto, una conocida y prestigiosa multinacional). Merece la pena leerlo porque todo es sentido común; no hay teoría aprendida en una universidad o en un máster, sin embargo  leyendo este manual, podemos entender cómo se construye el éxito empresarial.

 

Como he dicho, os recomiendo su lectura - no os va a llevar más de una hora- y en un momento en el que estamos oyendo hablar de recortes, de austeridad, etc. creo, sinceramente, que podemos aprender ciertas lecciones.

 

Rafael del Pino define el despilfarro como una “pérdida que no se recupera y a nadie beneficia y a todos perjudica” (página 4). ¿Podrían aplicar esta máxima nuestros políticos, nuestros empresarios y nuestros trabajadores? Tal vez a todos nos iría mejor si fuera así. Y cuando ello ocurriera , también debiera seguir aplicándose, por supuesto.

 

Hay algo, igualmente, que todos debemos aprender: austeridad no es gastar menos sino gastar mejor. Economía no es comprar lo más barato, es elegir la mejor opción.

 

Por último, quiero centrarme en un apartado que considero muy importante y que es aplicable a cualquier organización pública o privada, empresarial o administrativa: “El Despilfarro en el trabajo” (página 16) en el que de nuevo, el sentido común se impone: “el tiempo es oro”, “con el menor trabajo posible…”

 

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Y dentro de este capítulo, deseo mencionar dos apartados finales: “El Despilfarro de la autoridad”, sobre aquello que no tienen que hacer los jefes, y “el Despilfarro del pensamiento”, guía de gestión absolutamente imprescindible.

 

No sé quién dijo esta frase: “Quien cree que no tiene nada que aprender es porque no tiene nada que enseñar”. Apliquémonoslo.

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