No podemos ser tan superficiales y quedarnos sólo con el debate de si el Rey tiene que dar o no explicaciones de sus viajes privados y si tiene que justificar en qué gasta su presupuesto
Hace unas semanas en un acto público, concretamente durante la ceremonia de entrega de las becas de la Fundación La Caixa para universitarios, el Rey Don Juan Carlos comentó que el desempleo juvenil le “quita el sueño”, a lo que añadió que se muestra confiado en que “con el esfuerzo de todos” saldremos adelante.
En primer lugar, una de las acepciones de la palabra “esfuerzo” según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es la siguiente: “Empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades”. Hasta aquí nada que reprocharle a nuestro monarca. Podemos comprender que el esfuerzo es compatible con el descanso y el ocio; es más, es incluso recomendable compaginarlos.
Puede molestar más a la ciudadanía la otra cuestión. Actualmente hay mucha gente a la que le quita el sueño su situación personal, así como la de otros. Parece menos reconciliable la idea de estar extremadamente inquieto o intranquilo por algo (mi concepto de perder el sueño) con irse de cacería, a no ser que tu negocio dependa de las presas cazadas…
Si entramos en el ámbito de que el Rey de España puede gastar su presupuesto en lo que quiera -podría dedicar los 8,26 millones de euros a comprar pipas-, se nos plantea la cuestión siguiente: ¿No reduce la población su presupuesto para ocio en tiempos de crisis?, ¿no sería quizá razonable entonces reducir el presupuesto de la Casa Real? Este es un tema que, en un país en el que el Rey siempre ha tenido un comportamiento ejemplar, nunca ha sido demasiado trascendente -aunque sí ha sido debatido en ciertas ocasiones por monárquicos y antimonárquicos-. Es evidente que las cosas cambian cuando todos estos acontecimientos se producen en la actual coyuntura económica y social.
Si nos adentramos en la cuestión ética de la caza de animales (cuya muerte, aunque no se hallen en peligro de extinción, sirve exclusivamente para dar satisfacción personal a quien se encuentra tras el arma que dispara), podemos entrar en un interesante debate: ¿Cuánto dinero dedica un país como España a la preservación del medio ambiente?, ¿cuántas personas dedican su tiempo a cuidar de la flora y la fauna en nuestro país? Quizá no resulte muy consecuente la forma de actuar del Rey Don Juan Carlos, abatiendo elefantes en el continente africano, ¿no?
En cuanto a otros asuntos que incumben a la Casa Real, como puede ser el caso Urdangarín o el “incidente” sufrido por el nieto de los Reyes con una escopeta de caza, no hacen sino incidir en la imagen que muchos ciudadanos tienen actualmente de esta institución. El tiempo dirá si un país que se encuentra sumergido en una crisis -por otro lado mundial- es capaz de no tener en cuenta este “episodio”. Creo que no está el horno para bollos…


