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Los precios y la lluvia

Puede que parezca una mera casualidad, pero lo cierto es que en estos últimos días se ha podido constatar un aumento en los precios de determinados productos tecnológicos, que en una escalada parecida a la subida al Everest, han llegado a multiplicarse

 

Lo cierto es que esto ha ocurrido, y que, aunque parezca mentira, la culpable de este incremento no ha sido otra que la lluvia. Nada de crisis mundial o global, nada de guerras o revoluciones en los países productores, nada de eso. La culpable-como digo- la lluvia.

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Y es que las últimas tormentas, tifones o como quieran llamarlo los diferentes informativos meteorológicos nacionales e internacionales, han causado tales inundaciones en los principales países productores o fabricantes de equipamiento tecnológico, que han echado por tierra la forma tradicional de hacer negocio.

 

Las empresas, en estas circunstancias, se han visto forzadas  a cambiar alguno de sus procesos productivos, o en su defecto, se han sentido obligadas a cambiar la forma de comercialización de sus productos, lo que ha ocasionado la subida de precios mencionada.

 

¿Qué ha ocurrido? Pues algo tan sencillo como que los medios de transporte tradicionales, empleados por estas grandes empresas productoras, se han quedado miguel-2inutilizados y las mismas han tenido que buscar canales y medios alternativos, con el  sobrecoste considerable para sus productos que ello conlleva.

 

Esto nos da una clara visión de la importancia que cobra en el precio final de un producto todo el proceso de transporte, o mejor dicho, de logística necesaria para poder colocar ese producto en el mercado.

 

No obstante, el hecho de que una eventualidad como la lluvia, aunque sea una inundación, en una zona en la que este tipo de fenómenos climatológicos son relativamente habituales, suponga un incremento en el precio final del producto, como el que ahora se comenta, no deja de ser alarmante. Que ocurra esto con ciertos productos sensibles a la climatología como frutas, verduras, cereales, etc. puede parecer algo normal y un riesgo al que los productores saben que se enfrentan en cada cultivo de temporada.  Pero que esto suceda con productos no susceptibles de ser afectados por los cambios climáticos, no es muy habitual.

 

Al final, como casi siempre, esto repercute directamente en el consumidor, que es quien al comprar el producto de turno debe pagar los sobrecostes  adicionales, asociados a la climatología, a la crisis, a las guerras o a cualquier otra circunstancia que le afecta indirectamente y de la que él es tan solo un sujeto pasivo.

 

¿No nos pasó algo parecido en aquel viaje que realizamos a Polonia Gerardo, Sergio, Óscar y yo? En aquella ocasión fue un volcán islandés el que colapsó el espacio aéreo europeo y los precios no se resintieron, pero el hecho fue que un fenómeno ajeno a todos nosotros nos tuvo en vilo durante unos cuantos días, condicionó nuestras actividades cotidianas y laborales y… nada se pudo hacer, a excepción de esperar y ser pacientes.

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