Los teléfonos móviles han sido, desde siempre, o mejor dicho, desde su proliferación entre los jóvenes, un motivo de discordia entre profesores y alumnos
¿Quién no tiene hoy en día un teléfono móvil? Parece una pregunta retórica, sobre todo si la realizamos al colectivo de alumnos en cualquiera de nuestras aulas. Y es
que casi todos, si no son todos, disponen de uno. Y ¡claro!, si disponen de él, es más que probable que lo utilicen. Parece lógico y cuanto menos, sensato, que si dispones de algo, lo utilices. Y más, si es algo que te produce un beneficio, una mejora en la forma en que haces las cosas, en que te comunicas, en cómo andas por este mundo que nos toca vivir.
El problema aparece cuando el uso de estos dispositivos se realiza durante las clases, mientras el profesor de turno está explicando o cuando los alumnos están realizando algún ejercicio o tarea. Y yo me planteo: ¿realmente es un problema?
Los teléfonos móviles ya no son simplemente aquellos dispositivos de antaño que tan sólo permitían realizar llamadas y enviar mensajes de texto siempre y cuando hubiera cobertura. La proliferación de los terminales, conocidos como teléfonos inteligentes o smartphones, brinda unas capacidades sorprendentes que no podemos dejar de lado.
Entonces ¿por qué en vez de verlo como un problema, no intentamos sacar un poco más de provecho de ellos? Repasemos algunas de las características de estos aparatos y veamos algunas posibilidades que nos pueden ofrecer, de cara a su aprovechamiento en nuestras aulas:
Estos smartphones disponen en la mayoría de los casos de algún tipo de conexión a Internet, bien a través de conexión wifi o bien a través de tarifas planas de datos, de modo que nuestros alumnos están “siempre conectados”. Muchos de estos terminales son compatibles y disponen de aplicaciones para estar siempre disponibles en sus redes sociales favoritas como Facebook o Tuenti.
Además, existen otras aplicaciones de mensajería a través de la web, como la que proporcionan los terminales Blackberry o el famoso WhatsApp, que deja en entredicho el viejo concepto de pago por mensaje al que estamos acostumbrados con los SMS.
Si a todo esto, unimos que todos estos teléfonos disponen de cámara de fotos, vídeo, grabadora de sonidos, agenda, notas y recordatorios, completos sistemas de calendarios, bluetooth para compartir, etc. ¿no será el momento de dejar de impedir su uso en las clases y pasar por el contrario a fomentarlo? ¿No deberemos nosotros mismos ponernos las pilas y empezar a comprender la forma de pensar y de comunicarse de nuestros alumnos y… por tanto, dejar de ir en su contra?
Yo acabo de descubrir algunas de estas herramientas que están disponibles en mi Smartphone. Otras, me las van recomendando y no cabe duda de que son interesantes y me facilitan las cosas. Pero claro, hay que conocerlas y… ¿por qué no? usarlas. Y si nosotros, como profesores las podemos utilizar y sacar beneficios de ellas, ¿no será también productivo que nuestros alumnos las pueden utilizar también y beneficiarse de sus posibilidades?



