Hay gente que viaja con el objeto de ir tachando elementos de una lista, tan sólo para poder decir “yo estuve allí” y sin prestar verdadera atención a lo que tienen delante; pero poder conocer lugares nuevos es un privilegio que puede enriquecernos como personas.
Los castillos del Loira son edificios palaciegos renacentistas que se construyeron, en muchos casos, sobre las ruinas de otros medievales. En los siglos XV y XVI, el poder regio francés se concentraba en torno al río Loira y sus afluentes (Indre, Cher, Vienne, Maine y Loir), por lo que la nobleza hizo construir en la zona bellos palacios (los franceses los llaman castillos “chateaux”, pero en realidad tienen poco de defensivos) donde vivir confortablemente.
Cada castillo posee no sólo importancia en la historia de Francia por los hechos que acaecieron entre sus muros, sino que también forman parte de la historia del Arte por su belleza y sus particularidades arquitectónicas. Su aspecto exterior no tiene mucho que ver con los famosos palacios italianos de la época; los castillos renacentistas franceses suelen estar construidos en piedra blanquecina, con tejados puntiagudos de tonos grises y azules y hermosas ventanas.
Es un bien tan valioso que la UNESCO los ha declarado (junto a otros monumentos y ciudades de la zona), Patrimonio de la Humanidad. Naturalmente, eso les ha dado a conocer al gran público y es habitual que, en verano, estén abarrotados de turistas. Pero todos esos turistas, ¿realmente los ven? Muchos los recorren como si fuese una gymkhana o una tarea a completar: Más castillos, más desplazamientos, más rápido. Y así no se disfruta realmente de lo que se visita. Es cierto que esto no ocurre sólo en la ruta de los castillos del Loira, sino que también afecta a otros lugares turísticos; pero, en mi opinión, es difícil concebir una visita a uno de esos castillos sin verlo lentamente e incluso sentándose un ratito para dejarse rodear de belleza.
La primera vez que vi alguno de estos castillos, me quedé impresionada por la grandiosidad de Chambord y me pilló por sorpresa su escalera interior de doble hélice, (pues no sabía que existiese tal cosa y no entendía porque no encontraba a mi familia, si estábamos todos en la misma escalera).

CHAMBORD
Otro edificio que me llamó la atención fue el castillo de Amboise, que se encuentra en lo alto de la ciudad del mismo nombre, en el barrio medieval. Este castillo no sólo parecía una gema en medio de la ciudad, sino que está lleno de preciosas maquetas y dibujos de Leonardo da Vinci, quien vivió al final de sus días en un edificio muy cerca de allí bajo la protección del rey Francisco I.

AMBOISE
Pero el lugar que me dejó totalmente prendada fue el bellísimo castillo de Chenonceau, cuya parte más larga fue construida encima de un puente, por lo que casi toda su estructura atraviesa el río Cher. El aspecto de ese castillo (que correspondía totalmente con la idea que tenía desde pequeñita con los castillos de los cuentos de hadas), unido a la historia tan interesante del lugar (luchas de poder entre favoritas del rey, hospital, frontera en la Segunda Guerra Mundial), hizo que visitarlo fuese un momento especial y mágico.

CHENONCEAU

En aquel viaje yo tenía 13 años. No visité todos los castillos de la zona, pero los que sí vi (y otros lugares franceses donde estuve) hicieron que me encantase el arte y los paisajes de ese país, lo cual influyó para que empezase a estudiar francés en el instituto con ánimos y buena predisposición. Sin yo saberlo, unas simples vacaciones en plan turista con mi familia habían influido en mi percepción de las cosas y me aportaron curiosidad sobre el arte, la historia, etc. En aquel viaje, mi familia iba dispuesta a disfrutar de lo que diese tiempo a ver, sin prisas, sin tachar nada de ninguna lista y sin ánimo de presumir ante los demás de que “estuvimos allí”. Hubo muchos otros lugares en los que no estuvimos pero, parafraseando a Michael Ende, eso será otro viaje y será visitado en otra ocasión.



Estoy de acuerdo contigo. Yo tuve la oportunidad de visitar algunos de esos castillos y quede impresionado.